jueves 5 de marzo de 2009

PANEGÍRICO

…porque somos muchos.
Marcos: 5,9

Camino por la séptima con un único propósito: sobrevivir a este domingo. Me dejo impregnar por las voces de los que venden minutos, por el murmullo de los que pasan hablando solos o con alguien que desde hace rato no los escucha; mezcla de sonidos informes, pitos, motores que a lo lejos discuten con el trancón. ¿Qué hago aquí?, simple: me gusta la urbe.
La calle me conduce hasta el Parque Santander. Los toldos de libros atraen mi atención, voy hacia las cestas de los de a $1.000 y ahí están… fracasados, les insistí que no publicaran, que desistieran de esa vanidad: su nombre luce ridículo en letras de molde. En el extremo oriental de esta placita un reducto de la nación Sioux toca una tonada que me convoca... ¡Qué ultraje!, me sorprendo de mi decepción. Al frente está la capilla. Su puerta verde me jala.
El recinto colonial, cundido de oscuridad y leves destellos de luz de vela, me ofrece la vista interior de la Iglesia de San Francisco, así la llaman… Gentes de todo tipo transitan en silencio por sus pasillos que soportan sin mucha voluntad una penumbra que los aflige.
Me detengo y miro a unos que de rodillas elevan súplicas frente a una imagen de María Magdalena. Veo ese rostro estampado en el lienzo y huyo, herido por su manera de mirar. Voy hacia la puerta buscando el aire pestilente de la calle y tropiezo con un hombre que, presuroso, ingresa a este recinto de oración. Sus ropas son una costra de mugre que invade todo. Como una alimaña se arrastra hasta la pila del agua bendita; un segundo antes de meter sus manos en aquel líquido santificado me mira y sonríe. Le devuelvo la sonrisa. Podría haberle dicho “hola Simón” pero no le digo nada, él sabe. Con descaro hace gala de su ritual: se lava la cara, se peina, se enjuaga, regurgita y nuevamente me sonríe. Ya no me importa, es uno más, vuelvo a ingresar y camino hacia el altar. Me siento en una de las primeras filas.
Tras la proclamación de las lecturas y del Evangelio, el sacerdote inicia su homilía. La bondad, la justicia, la redención… ¡Qué mamera! Recuerdo cuando me llamaban Justo, en el año 155, y le explicaba al emperador Antonino Pío estas prácticas de los cristianos. Como era previsible, me aburro. Este domingo no ha sido cosa fácil.
Un Jesucristo con pinta de metalero expone sus mechas en una capilla lateral y voy hacia él. Quiero escupirlo, pero decido que no vale la pena. Es demasiado pequeño. Se llama “Señor de la agonía” y si uno le pone una moneda en la alcancía que lo precede, antes de la reja, una lucecita se enciende. Tengo monedas, desde luego, pero no las voy a botar en eso…
Me largo… ¿Qué más podría hacer? Nadie ha reparado en mí: El Demonio, Satanás… y otros calificativos que niegan la verdad. ¡Fabulación sin sentido, mentira!, no soy nada de eso. Mi nombre es x el marido que le pega a su esposa, x el ladrón de carteras, x el gerente de banco, x el cura (Él mismo), x el estafador, x el adicto y x el lugares comunes equivalentes a tu nombre, lector.
Me quedo con mi panerígico: El Homicida, El Maligno, El Mentiroso, El Príncipe de este mundo. O, si lo prefieres, el que se hizo malo no por naturaleza, sino por albedrío.
Mala cosa, otra vez, no he sobrevivido a este domingo.

martes 4 de noviembre de 2008

Nueva Minificción

LA FUNCIÓN



"Se lanzará desde el trapecio", así rezaba el cartel impreso con tinta de mala calidad y en papel barato.
"Hoy a las ocho de la noche y sin malla de protección". Algunos piensan que es muy valiente.
Pero ella tiene un plan.
Se va a soltar del trapecio, ante la mirada atónita de los pocos asistentes a la función. Pero no le importan esos ojos morbosos.
Sólo quiere ver, por última vez, los ojos hermosos de la contorsionista, esos que la enamoraron, esos que la traicionaron.

lunes 3 de noviembre de 2008

Cuento con personaje Arquetipico

EL SEÑOR ESTÉ CON VOSOTROS


Anoche en mi camino a casa, decidí entrar a una Iglesia. No precisamente para escuchar la misa. Me parece aburrido escuchar al padre repetir el discurso que ya todos sabemos de memoria. Para mi es más interesante observar las bóvedas, el altar, las pinturas, las esculturas, una virgen Maria de facciones perfectas, muy blanca de ojos hermosos y rostro angelical, un Jesús crucificado sin señales de dolor en su rostro, pero con clavos en sus muñecas y en sus pies. No puede faltar justo antes de la puerta de salida, un vendedor de rosarios, velones, crucifijos, de evangelios miniatura. Todo eso me recordó precisamente un pasaje de algún evangelio, en donde Jesús muy enojado, tumba las mesas donde venden palomas y compran no se que cosas y les grita: Ustedes han convertido el templo de Dios en una cueva de ladrones.
En el nombre del padre, del hijo y del espìritu santo. Amèn. Señor ten piedad, cristo ten piedad.
La gente se arrodilla y pide perdòn, por sus màs oscuros pecados. Yo me apresuro hacer lo mismo, por simple reflejo. No tengo porque pedir perdòn, no me arrepiento de nada. Termina el acto de penitencia. Gloria, gloria, aleluya. El sacerdote pide por la paz del mundo, porque se acabe el hambre, porque se terminen las injusticias, por el santo papa (¿ còmo si necesitara algo?, con tanto dinero que tiene, que comparta algo para que no haya injusticia,
ni hambre)
Lectura del santo evangelio segùn San mateo. Gloria a ti señor.
Algunos están atentos a la lectura, bueno al menos eso parece. Otros miran el reloj, otros como yo, bostezan. Esto se torna aburrido y realmente no es lo que está escrito en el libro, es ese ritmo lento con el que el “curita” trata de explicar. Ahora todos empiezan a recitar: Creo en Dios padre todopoderoso creador del cielo y de la tierra creo en Jesuscristo su único hijo… ( ¿Cómo así y el resto la humanidad? ¿No son sus hijos también?) la gente reza tan rápido que parece una competencia. Ahora el sacerdote nos invita a beber y comer del cuerpo de cristo.
Me pregunto, todos esos fieles que hacen la fila para recibir el pedacito de hostia seca (Porque el vino parece que es sólo para el padre) saben que para participar de la comunión no pueden haber cometido un pecado mortal desde su última confesión además deben haber ayunado durante una hora. Yo no acudo al llamado, prefiero una copa de vino.
Pueden darse fraternalmente el saludo de la paz.
La mujer vestida de rojo que está al lado me extiende su mano, la paz sea contigo me dice, yo sonrió.
El cura se termina la “sangre de cristo” y finalmente dice : Pueden ir en paz.
La gente sale lentamente y yo me voy con ellos. Bueno no con todos, con la mayoría.
Con el marido que se va a casa a pegarle a su esposa, con el ladrón de carteras, con el estafador, con el adicto a la cocaína, con el mentiroso, con la mujer de rojo, entre otros. Me voy con todas esas almas atormentadas, es que aquí en la “casa de Dios” es donde consigo variedad. A mi me expulsaron hace mucho tiempo del mundo celestial, tuve algunas diferencias de opinión, me castigaron por pensar distinto. Hasta me cambiaron el nombre, pero mis amigos más cercanos aún me llaman Luzbel.
LA BUSQUEDA




Estuvo observando los movimientos de los habitantes de la casa, su pròximo objetivo. Confirmò como siempre que se trataba de una mujer de 34 años aproximadamente y su hija de 5 años.
Conociò su rutina : todos los dìas salìan a las 7:30 am. La mujer con traje ejecutivo, la niña con uniforme a cuadros, y una maleta màs grande que ella.
Se enterò que todos los Sàbados se ibàn en el carro, con maletas y regresaban el Domingo.
Unos de esos fines de semana se decidiò a llevar a cabo su tarea, en eso llevaba mucho tiempo. Llegò de madrugada, fue fácil entrar por la puerta trasera.
Ubicò el estudio, se sentó en el escritorio, abrió los cajones uno a uno, sus manos revolvían facturas, fotografias, cartas, tarjetas de Navidad. Querìa reconocerse en las fotografìas, encontrar un recuerdo perdido en su memoria casi inexistente. Necesitaba identificar su caligrafìa en esas cartas para sentirse vinculado de alguna manera a la historia de esa casa càlida, llena de luz.
Miró alrededor, había muchas fotos colgadas en la pared, recuerdos de viajes, reconoció a New York, Paris, Roma, entre otros. Siempre juntas la mamá y la niña, notó que se parecían mucho. Los mismos ojos grandes y hermosos, la misma sonrisa.
Ahora entrà a la habitación de al lado, las paredes estàn cubiertas de papel tapiz rosa, hay jugetes por todos lados : muñecas de trapo, ositos de felpa. Tambièn una pequeña biblioteca llena de cuentos infantiles. Se detiene a observarlos, algunos estàn escritos en Inglès, Italiano y Francès. Ojeó algunos y por unos minutos se olvidó de su busqueda. Devolviò los libros a su lugar y fue al cuarto principal, abriò el closet, la ropa muy ordenada, observò los perfumes, tomò un frasco, lo abrió y ese aroma lo transportò a un bar, mùsica suave, una pareja en una mesa, èl tomaba la mano de ella y se acercò para darle un beso en el cuello, pudo percibir su perfume. Algo lo sacudiò . Se acostò en la cama y cerro los ojos para ver de nuevo ese momento, ese recuerdo que había buscado desesperadamente, pero ahora ¿Qué hacer con el? ¿Aferrarse? ¿Apropiarse?



- Aló
- Laura, ¿còmo estàs? – ¿ya llegaste a la ciudad?
- Si , estoy llegando
- ¿Sabes què dìa es mañana, verdad?
- Si
- Yo se que siempre te niegas a ir, pero mi mamà insiste en que te llame
- Lo se, ya sabes mi respuesta
- Queremos ver a la niña hoy, es un poco tarde, te prometo que no nos vamos a demorar
- No se, mejor otro dìa, Sofia y yo estamos cansadas del viaje
- Siempre es lo mismo, hace meses que no la vemos
- No nos quites ese derecho
- No lo estoy haciendo, vengan el Viernes en la noche
- Hoy no, de verdad estoy cansada
- ¿Y mañana seguro no vas?
- No, no quiero ir
- Se que no te gusta escuchar esto, pero mi hermano siempre te quiso, èl querìa volver, pero pensaba que tù no lo ibas a perdonar
- Èl ya no està para decirmelo
- No seas cruel
- ¿Cruel? Èl me abandonò , no le importò mi embarazo, se fue a buscar su “destino” eso decìa.
- Lo se èl tenìa esas ideas locas, pero no significa que no le haya importado
- No quiero hablar màs de esto, al final terminamos peleando y tù sabes que te apreciò y siempre tendràs mi gratitud por todo lo que hiciste por nosotras
- Lo se..
- Los espero el Viernes para comer
- Bueno, un abrazo
- Un abrazo y disculpame con tu mamà.



- ¡Sofia despierta! Llegamos a casa
- Tengo sueño mami
- Bueno, te llevo cargada hasta tu cuarto y luego regreso por las maletas
- Si, mami, te amo
- Yo también te amo


Con la niña en sus brazos y un poco de dificultad abre la puerta de su casa, la lleva a su cuarto, la acuesta, le da un beso.
Cuando sale del cuarto dispuesta a ir por la maletas que ha dejado en el carro, percibe el aroma de su perfume. Inmediatamente entra a su cuarto, encuentra en el piso su perfume roto.

domingo 14 de septiembre de 2008

Cuento con Dialogos

SIN CONEXION



—hi
—¡Hola!
—como tas
—Bien y tù?
—Bn
—A què te dedicas?
—Estudio en la u
—Què estudias?
—Comunicación social
—Ah que bien. Y te gusta?
—Claro es muy bakno es muy chévere
—Oye de donde eres?
—Soy de Manizales, pero vivo en Bogotá y tú?
—En bogota
—En dónde?
—En cedritos y tu
—En Quinta Camacho
—Y ke haces
—Trabajo en la Secretaría de Cultura
—Y ke estudiaste
—Licenciatura en Español y Literatura
—Ummm y cuantos años tienes
—Estoy viejito.
—Jajaja y cuanto tiene el viejito
—26 y tù cuàntos años tienes?
— tengo 19
—Y ¿te importa la edad?
—no xa nd
—Xa nd? No entendí
—Xa nd = para nada jejeje
—Ya entendí. Jeje
—Y tú frecuentas mucho este Chat?
—Si, xke me gusta hacr amistades
—La verdad para mi, es la primera vez.
—Y x ke entraste?
—Estaba como aburrido y sin nada que hacer
—el Chat es bakano y distrae un montón
—De eso me doy cuenta, te encontré y me he distraído contigo
—Graxx
—Te gusta leer?
—La verdad 1 pokito
—Y cuando lees que autor te gusta?
—Laura Restrepo
—Buena escritora.
—Y que libro te gusta mas
—Me leí delirio es 1 libro muy bakano
—Oye me enkanto hablar contigo pero dbo irme a dormir xke mañana madrugo a clase
—No hay problema, fue un gusto hablar contigo, pasa buena noche y que descanses.
—Pero spera no me gustaría perder contacto contigo si kieres te paso mi MSN y me agregas
—Bueno me parece bien solo esperame un segundo lo abro haber si aun me sirve, nunca lo abro
—Jajaja y kon lo vakano que es.
—Soy novato en estas cosas.
—Ahh ya te abrio es k debo irme
—No espérame que me enrredé.
—Bueno pero no te demores tanto que tengo afan
—Ya, me abrió, dame el MSN para agregarte.
—malo_sa@hotmail.com
—Ya te agrego, espera.
—ok
—Ya te agreguè
—Ok entonces hablamos mañana a la misma hora
—Hasta mañana
—Chao t cuidas


—Hola còmo estàs?
—hola. Bn y tu
—Muy bien gracias
—y ke me cuentas?
—Un poco cansado hoy fue un día muy agitado en la oficina
—Mmm tù eres el que trabaja en el mincultura o algo así
—Si, ya te olvidaste de mi?
—No como crees, solo que no recordaba bn en ke trabajabas
—En cambio yo de ti si me acuerdo
—Jajaja eso sta bn
—Y tu que hiciste hoy, como te fue en la universidad?
—Genial como siempre
—Me alegro
—Y tu eres casado, soltero, viudo, separado, con pareja, etc.
—Jajaja, soltero
—Y con kien vivs?
—Vivo solo en mi apartamento
—Ahh que chévere
—Y tù con quien vives?
—Con mis papas y mi hermano
—Cuàntos años tiene tu hermano?
—16 años
—ahh son casi de la misma edad
—aja
—y te llevas bien con el?
—Si claro somos muy unidos y nos llevamos muy bn
—Eso es muy importante en la relación de hermanos
—Si, y tu tienes hermanos?
—Si tengo una hermana menor pero no vive aquí en bogota
—Ummm y en donde vive?
—En Manizales, toda mi familia vive allà
—Ahh osea que tu aki no tienes familia.
—No aquí estoy solo
—Hay pobechitu jeje
—Jaja , uno se acostumbra
—Si claro luego ya encontraras compañía
—Creo que ya la encontré
—Jajaja claro
—oye tu tienes fotos o cam?
—Tengo fotos pero cámara no
—ay que mal
—Pero tu si tienes cámara? Me gustaría verte
—Claro, pero si tu me envías una foto
—Bueno pero después que ahora no las tengo en el computador.
—Ahh bueno cuando tu me envíes 1a foto yo t pongo la cam
—Bueno será esperar
—Jajaja la vd sip
—Bueno niña yo te dejo y hablamos mañana y te muestro la foto
—Okis me parece bn
—Hasta mañana que descanses, te mando un beso
—Bueno que pases bonita noxe bye


—holaaaaaa
—hola preciosa
—como estas
—genial , acabo de ver tu foto
—ah si? Y què tal
—estas muy lindo
—jajaja gracias
—y Será que ahora yo si te puedo ver?
—Si claro esperame 1 segundo
—Ok
—Ya acepta
—Bien ya aceptè
—Ya me vez
—Si, estàs hermosa
—Jeje acias, pero no s para tanto
—Ya toy rojita
—Siempre tuve la sensación de que tù eras hermosa
—ay tan lindo acias
—Quiero verte completa, puedo?
—Umm no s
—Por favor!
—Bueno
—Si que estàs linda
—Ayy me puse rojita ota vez
—Jaja
—me tengo q ir a dormir
—Tan ràpido?
—Sip, ya sabes tengo clase muy temprano
—Si, lo se. Que descanses
—tu tambien bye


—Hola hermosa!
—hola
—Me haces falta
—A mi tbm
—Estos dìas sin chatear contigo, se han hecho eternos
—igual a mi
—Me puedes dar tu celular? Quiero escuchar tu voz
—sip 3004215412
—Ya lo grabè en mi celular
—Ya te llamo
—Si dale


—Aló
—¡Hola!
—¡Que voz tan dulce!
—Gracias.
—La tuya me gusta mucho.
—Tengo muchas ganas de conocerte.
—Yo también.
—Pero, tengo que decirte algo.
—Dime
—No te dije la verdad sobre mi edad.
—Umm
—No tengo 26
—Entonces…
—33
—Para mi la edad no es importante.
—¿En serio?
—Si
—Me alegra que pienses así. Pensé que si te decía la verdad, no volverías a hablar conmigo y menos querrías conocerme.
—Yo te quiero conocer.
—¡Yo me muero de ganas!
—Te quiero
—Yo también
—Tengo que colgar, es tarde, no quiero que mi mamá se despierte.
—Entiendo, mañana te llamo.






Y la seguí llamando y seguimos chateando por varios meses, hasta esa tarde que por fin nos conocimos. Cuando la vi, desde la otra acera, en esa esquina donde acordamos encontrarnos, me sentí ansioso, me acerqué, vi su cabello corto, sus ojos hermosos, su sonrisa nerviosa.
Caminamos un poco, antes de ir a Juan Valdez de la Séptima con 53. Fue inevitable contemplar su trasero firme, sus senos pequeños, un cuerpo que había dejado de ser adolescente poco tiempo atrás.
Llegamos al café, nos sentamos, pedí dos Capuccinos. Yo no dejaba de mirarla y eso la ponía nerviosa, en medio de nuestra conversación le dije que sus ojos eran hermosos, su rostro se ruborizó y aún más cuando le entregué mi regalo: Un libro de Ángela Botero (Esos poemas eran los preferidos de mis amigas en la universidad, pensé que sería el obsequio perfecto).
Hablamos como por dos horas, el tiempo pasó tan rápido. Me dijo que se tenía que ir, su mamá la esperaba temprano, yo no la quería dejar ir, la acompañé a la estación del Transmilenio y nos despedimos con un beso en la mejilla. Yo me fui para mi casa caminando, creo que iba flotando.
Ahora pensaba más en ella, ya no era virtual, era de carne y hueso. Una semana después de nuestro primer encuentro, la invité a almorzar a mi apartamento. Llegó puntual, hablamos un poco, almorzamos y luego nos sentamos en el sofá. Me acerqué, quise besarla y me dijo: “No puedo, tú sabes que tengo novio”. Yo le dije: Él no se va enterar, me acerqué y le besé el cuello, lo sentí tan suave, me invitaba a continuar, mi respiración se agitaba, acaricié sus senos por encima de la blusa, quise besarlos pero me apartó con suavidad.
Me alejé un poco, no quería presionarla, no se trataba sólo de sexo. Me di cuenta que me había enamorado, antes de tocarla, antes de sentir su olor, antes de mirarla a los ojos.
Hablamos de lo que sentíamos, ella me dijo que me quería. Pero estaba enamorada de su novio, no quería hacerle daño a nadie, estaba confundida. Pero yo estaba tan excitado con tenerla tan cerca, la abracé fuerte y ella respondió ese abrazo, metí mis manos por debajo de su blusa que levanté un poco y pude ver su ombligo, el mismo que me enseñaba en la cámara. Se apartó de mi muy rápido y me dijo: “No hagas eso por favor, me voy. La acompañé. En el ascensor volví con ímpetu a la tarea de conseguir un beso, pero nada. Esa noche chateamos.

—Hola!
—hola
—lo k paso hoy no puede pasar otra ves
—yo no t voy a dar un beso ni nada yo t kiero pero no de la manera k tu pretendes
—amo a mi novio lo siento pero es asi
—Perdoname, por ser tan atrevido, no pude contenerme.
—Yo tambièn te quiero.
—lo se
—si kieres seremos amigos
—No puedo ser sòlo tu amigo.
—Es mejor que no nos volvamos a ver, yo no podrìa estar cerca de ti y no intentar tocarte y besarte.
—Entiende entre los 2 no va psar nada yo amo a mi novio
—No repitas eso por favor ¿no te das cuenta que me duele?
—yo no kiero hacerte daño ni k te hagas iluciones
—Lo se, por eso es mejor, no volvernos a ver, ni hablar .Dejemos las cosas asì.
—ok
—No olvides que te quiero mucho.
—lo se yo tmbn
Se desconectó.

Pero esa misma noche me arrepentí, pensar que no volvería a verla, me heló el corazón. Entonces le escribí un correo, que parecía un poema cursi, de esos que uno le escribía a las novias en el colegio. Pasaron unos días y no me respondió, le marcaba al celular y no contestaba. Salí del apartamento, compré un girasol en la calle y unas chocolatinas en Carulla. Quería ir a su casa (¿si supiera dónde vive?), decirle que necesitaba verla siempre, que intentaría ser su amigo. La llamé desde una cabina:

—Aló.
—¡Hola!, ¿cómo estás?
—Estoy ocupada.

—Perdona, necesito hablar contigo, te he llamado muchas veces, te escribí un correo.
—No quiero leerlo.

—¿Puedo ir a tu casa? Dame tu dirección, necesito verte.
—No es buena idea.
—Pero...

—¡No molestes más! —colgó.

Volví a llamarla, pero no contestaba y la llamada se iba a buzón. “¡No molestes más!”. Esas palabras tan frías, fueron como navajas que se clavaron en mi corazón. Busqué un tarro de basura, boté las flores y las chocolatinas. Me sentí como en una sosa película de amor norteamericana.
Me faltaba el aire, mis manos se pusieron frías y quise llorar como un niño. Empecé a caminar muy lento, sentía que todos en la calle me miraban, sabían que me habían roto el corazón. Me detuve en el carrito de dulces. Compré una caja de cigarrillos.
Ya en mi apartamento, fui al balcón, me senté en suelo y encendí uno tras otro los cigarrillos, esos que había dejado años atrás. No pude contener las malditas lágrimas, la cabeza me daba vueltas, estaba descontrolado, vuelto mierda. Me quedé allí no se cuanto tiempo.
Cuando no aguanté más el frío, entré, encendí mi computador y me conecté al messenger y allí estaba ella. Mi corazón se aceleró.


—Me dolieron tus palabras.
—disculpame
—Estoy mal.
—no kiero hablar ahora. —Se desconectó.

Pasó más de una semana, ningún correo suyo en mi buzón, ni mensajes en el messenger o en mi celular. Estaba desesperado. Le volví a escribir otro correo cursi, le hablaba de lo triste que eran mis días sin saber nada de ella, le pedía perdón por lo que había pasado en mi apartamento, le rogaba que no me borrara de sus contactos, de su vida. Pero ella no me respondía.
Todos los días abría mi correo, me encontraba con esas cadenas que tanto detestaba, los mensajes obscenos de mis amigos que me aburrían. Los Funwall, Top Friends, Hug Me, las invitaciones a los grupos más absurdos: Amo a Uribe, Odio a Uribe, Todos Odiamos a Jota Mario, al Padre Chucho, a Laura Acuña, No Más RCN, No Más FARC y demás estupideces de Facebook. Pero nada de ella.
Cuando me llamaban al celular, deseaba que fuera ella, su voz, su risa, se había olvidado de mí. Me envió a la papelera, como se hace con esos correos que no te interesan.
Yo buscaba la manera de sacármela de la cabeza, me iba a tomar con mis amigos, esa costumbre estúpida de pensar que el licor te hace olvidar. Al día siguiente, la extrañaba más. Quince largos días sin verla, sin escucharla, sin saber nada de ella. Me sentía tan vacío y solo. Quería odiarla con la misma intensidad que la amaba, aunque me costaba aceptarlo, estaba enamorado, por primera vez.
Una noche, como todas me senté a mirar mi correo, esperando encontrar algún mensaje suyo y por fin, un correo de ella:

Se ke ya es tarde para pedirte disculpas, aunque no lo creas, ami tambien me duele todo esto, aveces dices cosas ke no sientes. Soy una boba, te kiero mucho, pero tengo miedo de todo, tu eres muy grande y yo soy muy pekeña. Cuando t dije que amaba a mi novio, fue una excusa, yo termine con el, pero aun asi sigo teniendo miedo de todo. tu eres una persona muy especial y te mereces alguien mejor que yo. Tengo que confesart que he derramado algunas lagrimas y k t extraño resto. T kiero mucho.

Le contesté inmediatamente. Utilicé la mejor retórica, esa que tanto le gustaba a ella. Simplemente mis sentimientos se convertían en palabras dulces, sin reproches.
Volvimos a hablar, de nuevo su voz, su risa de niña traviesa, de nuevo la alegría en mi vida.
Salimos algunas veces, fuimos al cine, a un par de bares, tomamos cerveza, hablamos, nos reíamos. La tomaba de la mano, la miraba a los ojos, ella se ponía nerviosa. Nos despedíamos con un beso en la mejilla. Yo no quería presionarla, no quería perderla. Me sometía a sus reglas, hacía un esfuerzo enorme para controlar mis impulsos. Soñaba con besarla, hacerle el amor.
Sentía celos de los amigos que la llamaban, de los que chateaban con ella. Le hacía reclamos. Cuando me conectaba al MSN, deseaba que siempre estuviera allí. Sólo quería chatear con ella, los demás contactos no me importaban.
En una de nuestras conversaciones le pregunté si alguna vez podría besarla, me dijo que no insistiera con eso.

—Es la edad —le dije—.
—Sí, es eso —contestó—.
—Tú ya has vivido, ya tienes experiencia
—Si tenemos algo, talvez tenga que cohibirme y yo quiero vivir muchas cosas.
—Yo nunca te cohibiría de nada. No te voy a quitar tu libertad.
—Mira, a mi me gusta salir todos los jueves, viernes y sábados. Me gusta tomar, fumar, la rumba electrónica, muchas veces tú estarías cansado por el trabajo. ¿Aguantarías que me fuera con mis amigos?
—No sé.
—¿Si ves?, es complicado.
—Sí, pero yo te quiero, dame una oportunidad.
—No estoy preparada para eso, ¡entiende!
—Yo te quiero y me gustas mucho, pero no puedo, son muchas cosas, mi mamá, la edad. La vida es injusta
—Sí, es injusta.
—Perdóname, no quiero lastimarte.
—Lo sé.
—Tengo que colgar, ya es tarde me voy a dormir.
—Bueno, que descanses, hermosa, que sueñes con los angelitos
—Mi angelito eres tú, gracias por ser tan lindo conmigo.
—Hasta mañana.
—Hasta mañana.

Todo se volvió tan intenso para mí, tan real. Para ella, no sé. Era una niña, con las mismas ideas de los jóvenes de esta generación. Saturados con un mundo de consumo, de rumba electrónica, de Internet, del celular, del mp3, del cigarrillo y la cerveza.
Yo involucré mis sentimientos. Ella, no sé. Es complicado entenderla, pero debo hacerlo, yo no cuadro en su mundo. Me he resistido a aceptarlo, he querido refugiarme en mi tonta idea de que el amor no tiene edad, que para el amor nada es imposible.
Que romántico me he vuelto, no mejor un completo idiota. Por eso hoy la llamé y le dije que nos viéramos en el parque El Virrey. Llegó puntual como siempre.

—Hola —me sonrió—. De inmediato me plantó un beso en la mejilla.
—Hola —le respondí—. No pude disimular mi tristeza.
—¿Qué te pasa?
—Lo de siempre, hermosa.

—Que estoy enamorado de ti, eso ya lo sabes.
—Ya lo acepté. Lo de nosotros no pasará de ser algo virtual
—No digas eso.
—Es la verdad.
—Verte me hace daño, siempre me matas la ilusión.
—Yo nunca he querido lastimarte.
—Lo sé, no es culpa de nadie.
—Quiero que vivas todas esas cosas que aún te hacen falta.

—Te libero de mí. De mis celos, de mis reclamos, de mi amor.
—Aunque no lo creas, yo también te quiero.

—Adiós, hermosa.

Nos dimos un abrazo, cuando nos separamos, vi que algunas lágrimas bajaban por sus mejillas, quise abrazarla de nuevo y nunca soltarla. Quise besarla, pero ella no lo hubiera permitido. Me alejé muy despacio, quería devolverme. Unos metros más adelante me detuve, miré hacia atrás y ella ya no estaba.















-

lunes 23 de junio de 2008

Cuento con muda de Narrador

UNO MAS

Viernes 4:30 de la tarde camina por la séptima, en una de esas tardes frías que se acostumbran en Bogotá, no sabe cuantos kilómetros ha recorrido, entregando hojas de vida. Mientras sus pasos se hacen lentos, piensa en todo lo que ha padecido desde que perdió su trabajo. Ya vendió todos los muebles, los electrodomésticos, solo le quedan el colchón y la estufa, le cortaron el teléfono, el agua y la energía. Para bañarse y limpiar un poco el apartamento le pide a Chucho el portero que le regale un poco de agua. De pronto su estómago le recuerda que ayer sólo desayunó y que hoy son casi las 5:00 y no ha comido nada, recuerda a su profesor de Biología : el ser humano puede vivir 36 días sin comer alimento y hasta 4 días sin tomar agua, él sólo lleva dos días y siente que no puede más.
Se detiene en frente de una panadería, sin pensarlo, entra y pide 2 panes de mil, 3 salchichas y una bolsa de leche y cuando le entregan el pedido, señala una nevera que está al fondo donde hay gaseosas, cuando la señora que lo atiende le da la espalda , sale corriendo, corre tan rápido como puede, piensa que lo persiguen y que todos saben que acaba de robar en la panadería. Está exhausto, llega a un paradero y allí se sienta a comer con desesperación el “manjar” que tiene en sus manos.
Esa noche en su colchón no podía dormir, pensaba en que mañana sería otro día en que tendría que pedirle a chucho, agua para bañarse, desayunaría el pan y la salchicha que guardó y luego qué . Ya no tenía más hojas de vida para repartir y tampoco dinero para imprimir más, entonces tendría que ir al supermercado a comer degustaciones, leer revistas, ver una y otra vez los mismos videos en los televisores de pantalla líquida. Ya conoce casi todos los supermermecados de la cuidad, en algunos ya no puede entrar, lo guardas de seguridad piensan que es un ladrón y no le quitan la mirada de encima. Recordó a su madre que había muerto 10 años atrás , a su padre del que no sabía nada hace mucho tiempo. La desesperación se apoderaba de sus pensamientos y no lograba dormirse.
Sábado 7:00 de la mañana, un nuevo día, el mismo colchón, en el apartamento vacío y la misma soledad, se levantó le pidió agua a Chucho, desayunó el pan y la salchicha producto de su ‘asalto”. Está en la ventana mirando hacía la calle, hay gente que va de prisa a sus trabajos, a estudiar, tienen una vida, él no tiene nada, estaba en esos pensamientos pesimistas, cuando el timbre del celular, al otro lado la voz de Fernando, su amigo de años.
Qué más hermano? Tengo una llamada perdida y pues aquí se la estoy devolviendo .
– Yo me atreví a llamarlo el otro día para pedirle un favor, pero la verdad da verguenza y no insistí.
– Cuente Jorge que le pasó?
Y le contó todo lo que había vivido en estos últimos meses, sus deudas su apto casi desocupado, su ducha a punta de valde y su “asalto” a la panadería.
– Oiga hermano, usted como no me había llamado antes, si hasta ladrón se volvió, tranquilo yo le presto la plata para que pague esos meses retrasados de renta y se viene a vivir a mi apartamento mientras consigue empleo , usted ya sabe yo vivo con mi primo, le toca acomodarse en el sofá y sus tres comiditas diarias no le van a faltar, para eso somos los amigos.
Entonces Jorge empacó su ropa, le regaló el colchón a chucho y se fue a vivir al apartamento de su amigo. Se sentía incomodo, no estaba acostumbrado a ser un un arrimado, pero no podía hacer otra cosa.
Pasaron semanas, seguía llevando hojas de vida, se encargaba de organizar el apartamento y de tener la comida para sus amigos.

Mi desesperación crecía, no conseguía trabajo, era un mantenido, comiendo y durmiendo gratis . Con deudas entre otras la que tenía con Fernando.
Una noche mientras nos comíamos mi sudado de carne con arroz, Fernando me preguntó:
Entonces hermano tenido suerte buscando trabajo?
– No, nada me resulta.
Dejó los cubiertos sobre el plato, se tomó un trago de Coca-Cola, miró a su
Primo, como esperando su aprobación y me dijo:
– En estos años que nos dejamos de ver, mi vida ha cambiado, usted se da ha dado cuenta, tengo mi buen apartamento, mi carro, la plata no me falta y no lo conseguí trabajando como negro en el Banco, hace rato que no trabajo allí y ahora tengo mi propio negocio.
– Cuál es ese negocio tan lucrativo? Qué me va a dar trabajo? – solté una carcajada. Pero, los dos no se rieron estaban muy serios.
– Jorge, yo le puedo ayudar a salir de la inmunda.
Fernando le contó lo que había sido su vida en estos últimos años, de como lo echaron del Banco, después de 10 años, de los amigos que le presentó su primo, de la primera vez que se fue de mula a los Estados Unidos, de sus otras veces a México, España. Un tiempo después ya conocía bien el negocio y dejó de cargar con la droga, se consiguió los contactos , ahora la compraba en Colombia y la vendía por el doble en el extranjero.
Tenía una “oficina”, donde trabajaba con su primo, una enfermera que se encargaba de preparar a las mulas para cargarlas con la “mercancía” y una vieja y un tipo que buscaban y convencían a las posibles mulas.
Tenemos un viaje a Aruba, necesitamos una pareja , que se vaya de luna de miel, se les paga 6.000 dólares, 3.000 a cada uno. Los tiquetes y la estadía en el hotel durante 5 días, va por cuenta nuestra. Se le mide?
La verdad, lo primero que pensé fue cuantos pesos colombianos son 3.000 dólares, más o menos $ 5.100.000, con eso la pagaría a Fernando, me pondría al día con la tarjeta de crédito, me compraría un traje, si voy bien vestido, seguro me tienen en cuenta en las entrevistas, no era una solución defenitiva, pero si una salida a mis problemas inmediatos. Y le respondí a Fernando:
– Si hermano, me le mido.
A día siguiente fuimos a la “oficina”, allí me presentaron a Marcela una mujer bonita de no más de 30 años, cabello negro , corto y ojos verdes preciosos, estuvimos hablando largo rato, conociéndonos un poco,entre nosotros hubo mucha empatía, me dijo que estaba asustada, que nunca había hecho algo así, pero necesitaba ese dinero con mucha urgencia. Me enteré que era madre soltera de una niña de tres años, vivía con su mamá, hacía 4 meses estaba sin empleo y el sustento de esa familia dependía sólo de ella. Pensé que mis problemas eran nada, si los comparaba con los de Marcela, yo estaba solo, nadie dependía de mi, sentí que tenía que cuidarla.
Ese mismo día empezó nuestro “entrenamiento”, tragando uvas verdes y grandes , una tras otra, en dos días, ya estábamos “listos”
El viernes en la tarde, el primo de Fernando y la enfermera nos llevaron a un apartamento en el centro de la ciudad, nos dijeron que dormiríamos allí esa noche. Nos dieron ropa, zapatos y una maleta para cada uno, empacamos. Nos explicaron que mañana las 7:00, nos cargábamos con la “mercancía”,no podíamos comer nada desde esta noche hasta llegar a Aruba y descargar la droga, el vuelo salía a las 10:45, nos repetían una y otra vez que había que estar calmados, “frescos” y no dar boleta.
La enfermera nos dio laxantes y nos puso enemas –esos estómagos tienen que estar vacíos para que quepa toda la carga.
Esa noche Marcela y yo tratamos de dormir los nervios y la ansiedad nos desvelaban.
Y llegó la mañana del Sábado, a las 7:00 estábamos sentados en el comedor, no había huevos, ni café, ni pan, sólo dos vasos de agua y unos platos con varias cápsulas de color crema, parecían del mismo material de los guantes de cirugía, se veian más grandes que las uvas. En poco más de media hora ya me había “cargado” mis 65 cápsulas y a Marcela le faltaba un poco menos de la mitad, vi en su rostro la angustía, no podía tragárselas todas, el primo y la enfermera empezaron a presionarla, Marcela dijo que no podía más y se puso a llorar. El primo dijo, yo no se mija pero se tiene que tragar todo eso, si esa vaina no llega completa, nos metemos en problema el hijueputa, la enfermera: cálmese niña, respire y Marcela no dejaba de llorar y de repetir no puedo más, entonces yo les dije: yo me las trago, acerque el plato y empecé de nuevo, pude con 15 más, en plato quedaron 10. El primo se cogía la cabeza y soltaba madrasos, ni mierda, me los llevo pal aereopuerto, ustedes verán como se las arreglan con los manes de Araba.
Abajo nos separaba Fernando en un carro, nos saludó y me entregó un celular y un sobre, mire allí van 1.200 dólares y el celular sólo recibe llamadas, lo van a contactar para la entrega, ok.
En el aeropuerto, registramos nuestros tiquetes, pasamos la aduana y nos sentamos en la sala de espera, Marcela estaba muy nerviosa, yo la tomaba de la mano y le decía la frase de cajón más desgastada del mundo: tranquila todo va a salir bien.
A las 10:25 hicieron el primer llamado de nuestro vuelo, llegamos despacio a la fila y minutos más tarde abordamos, nos fuimos a Aruba con más que nuestras maletas, con una carga extra, que podía poner nuestra vida en peligro, pero también nos podía mejorar esa misma vida que estaba bien jodida.
Llegamos a esa Hermosa isla en el mar caribe, al norte de Venezuela, pero que pertenece a Holanda, nuestro destino era Palm Beach. Al hotel Coconut Inn le dije al taxista.
Nos registramos en el hotel , ya en nuestra habitación sabíamos que hace : tomar los laxantes que nos empacó la enfermera y evacuar. Le dije a Marcela: primero las damas, ella inmediatamente fue al baño, después de varios minutos salió muy pálida con su bolsita en la mano, luego entré yo, como media hora desechando toda esa “mierda” que tenía dentro, me lavé las manos y la cara, me miré al espejo tenía cara de enfermo, le dije a mi reflejo: bueno hermano, pasamos los controles de la policía, llegamos vivos, ahora sólo falta entregar esa porquería, reclamar los dólares y olvidarme de todo, porque ni por el hijueputa yo vuelvo hacer esto.
Sonó el celular que estaba en el bolsillo de su pantalón y lo sacó de sus reflexiones.
– desempacaron?
– Ya vamos para el hotel, somos sus amigos Omar y Wilson que los vamos a saludar y a darles la bienvenida a la isla.
En menos de media hora los tipos se estaban anunciando en la recepción.
Entran sin saludar, uno de ellos dijo:
– ya tienen todo listo? Vamos a contar. 1, 2,3,4…115, aquí faltan 15, eran 130.
– El otro man habló:
– ya nos habían avisado de Colombia, no fueron capaces de cargar con todo, miró a Marcela y dijo: la niña bonita se puso a llorar y no hizo bien el trabajo y usted qué marica? No pudo tragarse más que 10 de la parte de su mujercita.
– Pues sino hay mercancía completa, tampoco van a ver un sólo dolar
– Pero, que le pasa hermano, sólo son unas cuantas cápsulas.
El hombre enfurecido toma a Jorge por el cuello y le responde a gritos:
– Faltan 15, este guevón no tiene ni idea cuanto valen las “cuantas” cápsulas que dejaron en Colombia. Pues más o menos esos 6.000 dólares que se iban a ganar.
Pero… alcanzó a gesticular Jorge.
– Quiere discutir? Discuta con esta, se levantó la camisa y le mostró amenazante el arma que traía encima.
Marcela se aferró a Jorge y en medio del llanto les suplicó que nos les hicieran daño. Jorge se limitó a decir : tranquilos, lo que ustedes digan, aquí nadie va discutir nada.
Los hombres no dijeron nada más, recogieron las cápsulas y se marcharon.
Marcela, me abrazaba fuerte y me decía : todo esto es mi culpa, sólo le dije, lo que importa es que estamos vivos.
Nos quedamos así, abrazados, sin decirnos nada, hasta que se ocurrió decir :
– Tienes hambre?
Bajamos al restaurante , no dejamos nada en los platos. Esa noche salimos a caminar en la playa, a olvidarnos de la sensación de tener el estómago lleno pero con hambre, de la tensión constante, del miedo a que nos descubran, de unas armas apuntando, de 6.000 dólares que nunca vimos.
En esos 5 en Aruba, escapamos de la realidad que nos esperaba en Colombia. No
Había dinero para gastar, porque acordamos guardar los 1.200 para nuestro regreso. Así que todos los días nuestro destino era playa, llegar puntuales a comer al hotel y caminar mirando lo que no se podía comprar, pero de todas formas era nuestro paraíso de 5 días .
La última noche en Aruba, le propuse a Marcela que compráramos cervezas y nos fuéramos a bailar Calipso en los concursos que hacían en la playa, decidimos no gastar más de 100 dólares. Bailamos hasta la media noche, nos tomamos unas cuantas cervezas, nos besamos otras tantas, corrimos al hotel, nos quitamos la ropa entre risas y con torpeza, hicimos el amor con desesperación, sin remordimientos, nos desahogamos sin escrúpulos.
Cuando desperté estaba solo en la cama, me levanté , no encontré a Marcela, tampoco estaba su maleta, en la mesita de noche estaba mi tiquete y 100 dólares y una nota:
Lo siento, necesitaba más ese dinero que tú, adelanté mi vuelo a Colombia. Te deseo lo mejor, eres un buen hombre.
Caminé hasta el baño, abrí la ducha, me metí bajo el agua y empecé a reírme muy fuerte, en eso estuve como media hora, me vestí, hice mi maleta, bajé a desayunar, luego dije en recepción, que si podían subir para recibir el cuarto.
En menos de una hora estaba en la puerta del hotel, con mi maleta en la mano derecha y el tiquete en la izquierda, con 100 dólares en un bolsillo del pantalón, allí de pie, mirando de un lado al otro, lo decidí, abrí la maleta, guardé el tiquete y empecé a caminar.











domingo 18 de mayo de 2008

EL VIAJE



Cuento Metaficcional corregido por Carlos Castillo





Como todos los días a las 8:30 de la mañana, Moira toma su desayuno en la cafetería de la esquina cerca a su casa. Su única compañía: el último número de su historieta preferida, "Las aventuras de Min". Min cuenta la historia de un corredor de motocicletas que viaja por el mundo participando en las competencias más arriesgadas, enfrentando a sus enemigos y por supuesto, conquistando mujeres.
Moira lee mientras se toma su café, en cada página la historia se hace más interesante, entonces se detiene en un recuadro, allí está Min con sus facciones perfectas,se concentra en sus ojos, siente que la observan, que le coquetean. De repente una mano sale de la historieta, invitándola!, Moira no duda y la toma.
Ahora ella y Min viven una nueva aventura, están tomados de la mano y unos hombres con cascos y llaves inglesas los persiguen, llegan a una calle sin salida, Min rompe la pared, besa a Moira en los labios y la pone a salvo. La pared se cierra y Moira quiere regresar, golpea la pared con todas sus fuerzas, escucha voces detrás de ella y las voces se hacen más fuertes,hasta que se convierten en una canción, es su reloj despertador, son las 7:15 am, hora de levantarse, tomar un baño, ir a la cafetería de la esquina a desayunar y seguir con en los siguientes números de " Las aventuras de Min".