lunes, 19 de abril de 2010

Roomatte

Me despierto y escucho ruidos en la cocina. Estás preparando el desayuno. Me quedo unos segundos en la cama y pienso ¿Qué harás hoy? ¿Pankekes? ¿Tostadas francesas?

Salto de la cama inmediatamente a la cocina para verte en tu pijama de pantaloncito corto. Estabas más deliciosa que los pankekes con mermelada de mora que ya estaban en la mesa.

Me recibes con tu acostumbrada sonrisa, esa que forma un hoyuelo en tu mejilla.

Desayunamos y hablamos de las noticias de anoche, criticamos a la vieja que habla de chismes políticos y a la de farándula, que se mantiene allí por bonita.

Hacemos la lista de tareas de esta semana, bueno tú la haces, yo solo te observo escribir y a todo digo si.

Hoy es Domingo. Me dices que más tarde viene Sergio, el idiota de tu novio, que irán al cine. Me preguntas qué voy hacer. Nada como siempre, quedarme en casa viendo televisión. Creo que sientes un poco de pena por mi. Me invitas, pero ya sabes mi respuesta. No insistes.

A pesar de tener que verle la cara a tu novio. Me gustan los fines de semana porque casi siempre desayunamos juntas, tú en tus pijamas diminutas y yo disfrutando de tu paisaje.

Ahora sales de tu cuarto, tienes el mismo vestido que llevabas puesto el día que llegué a este apartamento por tu aviso clasificado. Allí estaba yo, con mis jeans desgastados y mis tenis sucios. Tú me miraste de arriba abajo y yo pensé: Quien me manda a buscar apartamento en el norte. Nos sentamos y me sometí a tu pequeño interrogatorio. ¿De dónde soy? ¿Dónde estudio? ¿Trabajo? ¿Dónde viven tus papás? ¿Tu música favorita?¿ Tu comida favorita? ¿Cocinas? No las recuerdo todas, pero a medida que respondía, me decía: Te rajaste. No cumpliste con los requisitos. Al terminar el “examen” yo me preparaba para levantarme del sofá, despedirme y darte las gracias. ¡Pero que sorpresa! Tú dijiste: ¿Cuándo te pasas?

Cuando regresaste estaba encerrada en mi cuarto leyendo a Bukowski y acabando mi cigarrillo. Llegaste sola, te peleaste con Sergio, no es para sorprenderse. Vienes llevada del putas y pienso que te ves sexy. Me cuentas todo el drama, obviamente te doy la razón, es lo que quieres escuchar en ese momento. Te irás a dormir sola. Eso me alegra de cierta manera. Muchas veces llegas con él, se van a tu cuarto y los escucho. Al principio siento celos, rabia. Luego tus gemidos sobresalen y empiezo a excitarme, después vuelvo a los celos, la rabia.

Seguimos hablando sentadas en el sofá, pero cambiamos de tema. Jugamos a las cartas y como siempre tú pierdes. Empieza a llover muy fuerte, te asustan los truenos y me gustaría abrazarte. “Tranquila” te digo intentando acercarme más de lo normal, pero no me dejas, te mueves nerviosa.

Luego me tomas del brazo y me dices : No te vayas a dormir todavía, espera a que termine de llover. Ahora hablamos del tipo gay de enfrente, de la pareja del piso de arriba y sus esporádicos escándalos. Llegamos a ese temita tuyo ¿Conociste a alguien? Yo respondo : Ya no hay hombres que valgan la pena. ¿Y el tipo con el pelo revuelto que estaba contigo abajo el otro día? Ah! Es un amigo nada más. Eres bonita, inteligente, simpática debe ser porque no quieres. Me doy cuenta que sabes mentir. Soy rara, ¿Te acuerdas? Rara sí, eso le dijiste a tu mamá por teléfono, una noche que pensabas que dormía. ¡Es rara mamá! Nunca trae visitas. No hay familiares, no tiene novio, ni amigos. Sólo un gato que una vez recogió de la calle y a los dos día huyó por la ventana.

Bueno yo también te miento. El mechudo del otro día se llama Javier y apenas lo llamo viene a la portería. Dice sin interés; ¿Cómo estás? Más o menos. Contesto mientras le entrego el dinero. Luego se larga por donde vino. Hasta cuando lo vuelvo a llamar.

Te vuelvo a mentir, cuando digo no hay hombres que valgan la pena. No me interesa conocer a ningún tipo, de eso estoy segura.

Me despierto, salgo de mi cuarto. Te miras por última vez en el espejo, ya se te hizo tarde. Te acercas y te despides con tu sonrisa, huelo tu perfume. Voy a la cocina y mientras le doy un mordisco a mi tostada francesa, leo la lista de tareas de esta semana.

Tierra de Contrastes

Tierra de Contrastes


Un mosaico de tejados de zinc se extendió bajo mis ojos, en medio de la selva que me acompañó durante casi todo mi vuelo desde Bogotá.
El Jetsream41 descendió un poco, la selva se veía más cerca de mis pies. Dos giros, se inclinó y gimiendo herido, se dirigió a la pista del aeropuerto. Hicimos contacto con una calle semipavimentada de unos cuantos metros.
Quibdó me recibió con un abrazo de calor pegajoso y húmedo, un sabor tropical y un vago aroma a herencia africana.
Un taxi me esperaba para llevarme al barrio el Silencio, me lleva por la calle principal. A su lado el río Atrato me sorprende, imponente y orgulloso porque la vida de la población gira en torno suyo. Canoas, lanchas que parten y llegan. Al otro lado lo que parece un caserío indígena. Mujeres negras con ropas coloridas y cuerpos voluptuosos. El mercado: Vendedoras de pescado fresco, montones de pescado seco, racimos de plátanos, chontaduros de rojos y naranjas intensos. El malecón y la Iglesia de San francisco de Asís, patrono de esta ciudad que en Septiembre baja de su pedestal, se mezcla con el pueblo y cambia su nombre a San Pacho. El recorrido sigue, también el caos del tráfico; motocicletas de diferentes tamaños y marcas, van de un lado a otro en esta calle de doble sentido, sin señalización y con un par de semáforos. Mientras el taxista evade hábilmente los huecos, me cuenta que en la Iglesia hay mucha gente porque es el entierro de la “Tati” un peluquero que se inyectó no se que cosa en las nalgas y días después murió en una clínica de Medellín. Inmediatamente cambia de tema y me pregunta si vengo por las fiestas, antes que le conteste, me dice que son las mejores del mundo, que la voy a pasar muy bien bundiando. Esa fue la primera vez que escuché esa palabra, luego la escucharía y la repetiría hasta el cansancio. Todo el tiempo se refirió a mi, como: Profe ( Después supe que esa palabra era utilizada, como en otros lugares se utiliza Doctor o Doctora)
El silencio es un barrio bien de Quibdó, de casas bonitas, calles pavimentadas y andenes en buen estado. Mi recibimiento fue efusivo y cálido. Me enseñaron mi cuarto, me explicaron como era eso del acueducto(Ese que no existe aquí, en una ciudad rodeada de tantos ríos) me mostraron la “Piscina” donde se aprovisiona el agua lluvia para bañarse, para lavar la ropa, para el aseo en general. Yo solo pregunté ¿Y sino llueve? A lo que me respondieron ¡Ay seño, aquí siempre llueve!
Efectivamente, esa noche cayó con furia un aguacero de selva tropical y fue así durante ochenta y siete noches de las noventa y dos que pasé aquí. También esa noche fue mi primer baño con agua lluvia “agua tirá” en el patio, directamente de la “piscina”
A la mañana siguiente un desayuno típico Tapao de bocachico. Preparado por doña Perla, una mulata de dientes muy blancos, a quien le tomé mucho cariño y a quien le debo mis kilos de más por su afán de alimentarme con Sancocho de Mulata Paseadora, Sancocho de Carne Ahumada, Sopa de Fideos con Queso Costeño, Arroz Clavado, Pastel de arroz, Pescado en Leche de Coco…
Esa mañana, como todos los turistas me fui al Malecón, el Río Atrato estaba más caudaloso por el aguacero de la noche anterior. Era reconfortante observar la trayectoria del río, las pequeñas embarcaciones, la selva y el caserío en la otra orilla. Algo llamó mi atención: Unas dragas abandonadas, en mal estado. Me contaron que eran de una empresa Brasilera, que el gobierno confiscó porque estaban sacando oro y platino con licencias falsas en complicidad con algunos funcionarios corruptos de la ciudad.
Sin embargo por momentos se tornaban invisibles, en medio del paisaje hermoso que dibujaba el río a su paso. Indígenas cruzando el río en sus canoas, lanchas con motor fuera de borda, que dejaban sus huellas provisionales y dejaban también a sus pasajeros y que llevan a curiosos como yo, a dar un paseo de media hora. A pesar de mis nervios evidentes, cámara en mano traté de capturar algunas imágenes, pero fue difícil. La lancha en movimiento y yo inmóvil porque temía que si me movía mucho podría caer al agua y no tenía chaleco salvavidas.
Una noche conocí un lindo restaurante a orillas del Río Atrato. La cocina quedaba justo en la entrada, se veía a las cocineras picar, asar, freír con mucha destreza. Las mesas y el piso de madera, decoraciones artesanales típicas del Chocó. Me senté en una mesa donde se podía observar el Río, estaba sereno, la melodía de su corriente se mezclaba con la chirimía que se escuchaba al fondo. Pedí una cazuela de Bagre, la disfruté mucho, mientras recordaba que mañana sería 20 de Septiembre y comenzarían las fiestas patronales de San Pacho.

San Pacho: Bunde y Arrechera

Fueron 14 días carnaval, un día de reflexión y 15 días de Sancocho de las 7 Carnes. La gente adornaba sus barrios con banderas, hubo desfile todos los días por cada barrio y el último día la figura de San Francisco de Asís recorrió toda la ciudad. Un ejemplo de Sincretismo entre lo católico y las religiones africanas.
Por esos días conocí una nueva palabra: Caché, que es el disfraz que se utiliza en las comparsas, al que le dan mucha importancia. Eso lo noté en cada desfile, creatividad, mucho color. Pero lo que cualquier visitante podía notar y nunca olvidar es la alegría desbordante y contagiosa de esta fiesta que no sé si es la más larga de este planeta, pero estoy segura que es la más espontánea y colorida.

jueves, 5 de marzo de 2009

PANEGÍRICO

…porque somos muchos.
Marcos: 5,9

Camino por la séptima con un único propósito: sobrevivir a este domingo. Me dejo impregnar por las voces de los que venden minutos, por el murmullo de los que pasan hablando solos o con alguien que desde hace rato no los escucha; mezcla de sonidos informes, pitos, motores que a lo lejos discuten con el trancón. ¿Qué hago aquí?, simple: me gusta la urbe.
La calle me conduce hasta el Parque Santander. Los toldos de libros atraen mi atención, voy hacia las cestas de los de a $1.000 y ahí están… fracasados, les insistí que no publicaran, que desistieran de esa vanidad: su nombre luce ridículo en letras de molde. En el extremo oriental de esta placita un reducto de la nación Sioux toca una tonada que me convoca... ¡Qué ultraje!, me sorprendo de mi decepción. Al frente está la capilla. Su puerta verde me jala.
El recinto colonial, cundido de oscuridad y leves destellos de luz de vela, me ofrece la vista interior de la Iglesia de San Francisco, así la llaman… Gentes de todo tipo transitan en silencio por sus pasillos que soportan sin mucha voluntad una penumbra que los aflige.
Me detengo y miro a unos que de rodillas elevan súplicas frente a una imagen de María Magdalena. Veo ese rostro estampado en el lienzo y huyo, herido por su manera de mirar. Voy hacia la puerta buscando el aire pestilente de la calle y tropiezo con un hombre que, presuroso, ingresa a este recinto de oración. Sus ropas son una costra de mugre que invade todo. Como una alimaña se arrastra hasta la pila del agua bendita; un segundo antes de meter sus manos en aquel líquido santificado me mira y sonríe. Le devuelvo la sonrisa. Podría haberle dicho “hola Simón” pero no le digo nada, él sabe. Con descaro hace gala de su ritual: se lava la cara, se peina, se enjuaga, regurgita y nuevamente me sonríe. Ya no me importa, es uno más, vuelvo a ingresar y camino hacia el altar. Me siento en una de las primeras filas.
Tras la proclamación de las lecturas y del Evangelio, el sacerdote inicia su homilía. La bondad, la justicia, la redención… ¡Qué mamera! Recuerdo cuando me llamaban Justo, en el año 155, y le explicaba al emperador Antonino Pío estas prácticas de los cristianos. Como era previsible, me aburro. Este domingo no ha sido cosa fácil.
Un Jesucristo con pinta de metalero expone sus mechas en una capilla lateral y voy hacia él. Quiero escupirlo, pero decido que no vale la pena. Es demasiado pequeño. Se llama “Señor de la agonía” y si uno le pone una moneda en la alcancía que lo precede, antes de la reja, una lucecita se enciende. Tengo monedas, desde luego, pero no las voy a botar en eso…
Me largo… ¿Qué más podría hacer? Nadie ha reparado en mí: El Demonio, Satanás… y otros calificativos que niegan la verdad. ¡Fabulación sin sentido, mentira!, no soy nada de eso. Mi nombre es x el marido que le pega a su esposa, x el ladrón de carteras, x el gerente de banco, x el cura (Él mismo), x el estafador, x el adicto y x el lugares comunes equivalentes a tu nombre, lector.
Me quedo con mi panerígico: El Homicida, El Maligno, El Mentiroso, El Príncipe de este mundo. O, si lo prefieres, el que se hizo malo no por naturaleza, sino por albedrío.
Mala cosa, otra vez, no he sobrevivido a este domingo.

martes, 4 de noviembre de 2008

Nueva Minificción

LA FUNCIÓN



"Se lanzará desde el trapecio", así rezaba el cartel impreso con tinta de mala calidad y en papel barato.
"Hoy a las ocho de la noche y sin malla de protección". Algunos piensan que es muy valiente.
Pero ella tiene un plan.
Se va a soltar del trapecio, ante la mirada atónita de los pocos asistentes a la función. Pero no le importan esos ojos morbosos.
Sólo quiere ver, por última vez, los ojos hermosos de la contorsionista, esos que la enamoraron, esos que la traicionaron.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Cuento con personaje Arquetipico

EL SEÑOR ESTÉ CON VOSOTROS


Anoche en mi camino a casa, decidí entrar a una Iglesia. No precisamente para escuchar la misa. Me parece aburrido escuchar al padre repetir el discurso que ya todos sabemos de memoria. Para mi es más interesante observar las bóvedas, el altar, las pinturas, las esculturas, una virgen Maria de facciones perfectas, muy blanca de ojos hermosos y rostro angelical, un Jesús crucificado sin señales de dolor en su rostro, pero con clavos en sus muñecas y en sus pies. No puede faltar justo antes de la puerta de salida, un vendedor de rosarios, velones, crucifijos, de evangelios miniatura. Todo eso me recordó precisamente un pasaje de algún evangelio, en donde Jesús muy enojado, tumba las mesas donde venden palomas y compran no se que cosas y les grita: Ustedes han convertido el templo de Dios en una cueva de ladrones.
En el nombre del padre, del hijo y del espìritu santo. Amèn. Señor ten piedad, cristo ten piedad.
La gente se arrodilla y pide perdòn, por sus màs oscuros pecados. Yo me apresuro hacer lo mismo, por simple reflejo. No tengo porque pedir perdòn, no me arrepiento de nada. Termina el acto de penitencia. Gloria, gloria, aleluya. El sacerdote pide por la paz del mundo, porque se acabe el hambre, porque se terminen las injusticias, por el santo papa (¿ còmo si necesitara algo?, con tanto dinero que tiene, que comparta algo para que no haya injusticia,
ni hambre)
Lectura del santo evangelio segùn San mateo. Gloria a ti señor.
Algunos están atentos a la lectura, bueno al menos eso parece. Otros miran el reloj, otros como yo, bostezan. Esto se torna aburrido y realmente no es lo que está escrito en el libro, es ese ritmo lento con el que el “curita” trata de explicar. Ahora todos empiezan a recitar: Creo en Dios padre todopoderoso creador del cielo y de la tierra creo en Jesuscristo su único hijo… ( ¿Cómo así y el resto la humanidad? ¿No son sus hijos también?) la gente reza tan rápido que parece una competencia. Ahora el sacerdote nos invita a beber y comer del cuerpo de cristo.
Me pregunto, todos esos fieles que hacen la fila para recibir el pedacito de hostia seca (Porque el vino parece que es sólo para el padre) saben que para participar de la comunión no pueden haber cometido un pecado mortal desde su última confesión además deben haber ayunado durante una hora. Yo no acudo al llamado, prefiero una copa de vino.
Pueden darse fraternalmente el saludo de la paz.
La mujer vestida de rojo que está al lado me extiende su mano, la paz sea contigo me dice, yo sonrió.
El cura se termina la “sangre de cristo” y finalmente dice : Pueden ir en paz.
La gente sale lentamente y yo me voy con ellos. Bueno no con todos, con la mayoría.
Con el marido que se va a casa a pegarle a su esposa, con el ladrón de carteras, con el estafador, con el adicto a la cocaína, con el mentiroso, con la mujer de rojo, entre otros. Me voy con todas esas almas atormentadas, es que aquí en la “casa de Dios” es donde consigo variedad. A mi me expulsaron hace mucho tiempo del mundo celestial, tuve algunas diferencias de opinión, me castigaron por pensar distinto. Hasta me cambiaron el nombre, pero mis amigos más cercanos aún me llaman Luzbel.
LA BUSQUEDA




Estuvo observando los movimientos de los habitantes de la casa, su pròximo objetivo. Confirmò como siempre que se trataba de una mujer de 34 años aproximadamente y su hija de 5 años.
Conociò su rutina : todos los dìas salìan a las 7:30 am. La mujer con traje ejecutivo, la niña con uniforme a cuadros, y una maleta màs grande que ella.
Se enterò que todos los Sàbados se ibàn en el carro, con maletas y regresaban el Domingo.
Unos de esos fines de semana se decidiò a llevar a cabo su tarea, en eso llevaba mucho tiempo. Llegò de madrugada, fue fácil entrar por la puerta trasera.
Ubicò el estudio, se sentó en el escritorio, abrió los cajones uno a uno, sus manos revolvían facturas, fotografias, cartas, tarjetas de Navidad. Querìa reconocerse en las fotografìas, encontrar un recuerdo perdido en su memoria casi inexistente. Necesitaba identificar su caligrafìa en esas cartas para sentirse vinculado de alguna manera a la historia de esa casa càlida, llena de luz.
Miró alrededor, había muchas fotos colgadas en la pared, recuerdos de viajes, reconoció a New York, Paris, Roma, entre otros. Siempre juntas la mamá y la niña, notó que se parecían mucho. Los mismos ojos grandes y hermosos, la misma sonrisa.
Ahora entrà a la habitación de al lado, las paredes estàn cubiertas de papel tapiz rosa, hay jugetes por todos lados : muñecas de trapo, ositos de felpa. Tambièn una pequeña biblioteca llena de cuentos infantiles. Se detiene a observarlos, algunos estàn escritos en Inglès, Italiano y Francès. Ojeó algunos y por unos minutos se olvidó de su busqueda. Devolviò los libros a su lugar y fue al cuarto principal, abriò el closet, la ropa muy ordenada, observò los perfumes, tomò un frasco, lo abrió y ese aroma lo transportò a un bar, mùsica suave, una pareja en una mesa, èl tomaba la mano de ella y se acercò para darle un beso en el cuello, pudo percibir su perfume. Algo lo sacudiò . Se acostò en la cama y cerro los ojos para ver de nuevo ese momento, ese recuerdo que había buscado desesperadamente, pero ahora ¿Qué hacer con el? ¿Aferrarse? ¿Apropiarse?



- Aló
- Laura, ¿còmo estàs? – ¿ya llegaste a la ciudad?
- Si , estoy llegando
- ¿Sabes què dìa es mañana, verdad?
- Si
- Yo se que siempre te niegas a ir, pero mi mamà insiste en que te llame
- Lo se, ya sabes mi respuesta
- Queremos ver a la niña hoy, es un poco tarde, te prometo que no nos vamos a demorar
- No se, mejor otro dìa, Sofia y yo estamos cansadas del viaje
- Siempre es lo mismo, hace meses que no la vemos
- No nos quites ese derecho
- No lo estoy haciendo, vengan el Viernes en la noche
- Hoy no, de verdad estoy cansada
- ¿Y mañana seguro no vas?
- No, no quiero ir
- Se que no te gusta escuchar esto, pero mi hermano siempre te quiso, èl querìa volver, pero pensaba que tù no lo ibas a perdonar
- Èl ya no està para decirmelo
- No seas cruel
- ¿Cruel? Èl me abandonò , no le importò mi embarazo, se fue a buscar su “destino” eso decìa.
- Lo se èl tenìa esas ideas locas, pero no significa que no le haya importado
- No quiero hablar màs de esto, al final terminamos peleando y tù sabes que te apreciò y siempre tendràs mi gratitud por todo lo que hiciste por nosotras
- Lo se..
- Los espero el Viernes para comer
- Bueno, un abrazo
- Un abrazo y disculpame con tu mamà.



- ¡Sofia despierta! Llegamos a casa
- Tengo sueño mami
- Bueno, te llevo cargada hasta tu cuarto y luego regreso por las maletas
- Si, mami, te amo
- Yo también te amo


Con la niña en sus brazos y un poco de dificultad abre la puerta de su casa, la lleva a su cuarto, la acuesta, le da un beso.
Cuando sale del cuarto dispuesta a ir por la maletas que ha dejado en el carro, percibe el aroma de su perfume. Inmediatamente entra a su cuarto, encuentra en el piso su perfume roto.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Cuento con Dialogos

SIN CONEXION



—hi
—¡Hola!
—como tas
—Bien y tù?
—Bn
—A què te dedicas?
—Estudio en la u
—Què estudias?
—Comunicación social
—Ah que bien. Y te gusta?
—Claro es muy bakno es muy chévere
—Oye de donde eres?
—Soy de Manizales, pero vivo en Bogotá y tú?
—En bogota
—En dónde?
—En cedritos y tu
—En Quinta Camacho
—Y ke haces
—Trabajo en la Secretaría de Cultura
—Y ke estudiaste
—Licenciatura en Español y Literatura
—Ummm y cuantos años tienes
—Estoy viejito.
—Jajaja y cuanto tiene el viejito
—26 y tù cuàntos años tienes?
— tengo 19
—Y ¿te importa la edad?
—no xa nd
—Xa nd? No entendí
—Xa nd = para nada jejeje
—Ya entendí. Jeje
—Y tú frecuentas mucho este Chat?
—Si, xke me gusta hacr amistades
—La verdad para mi, es la primera vez.
—Y x ke entraste?
—Estaba como aburrido y sin nada que hacer
—el Chat es bakano y distrae un montón
—De eso me doy cuenta, te encontré y me he distraído contigo
—Graxx
—Te gusta leer?
—La verdad 1 pokito
—Y cuando lees que autor te gusta?
—Laura Restrepo
—Buena escritora.
—Y que libro te gusta mas
—Me leí delirio es 1 libro muy bakano
—Oye me enkanto hablar contigo pero dbo irme a dormir xke mañana madrugo a clase
—No hay problema, fue un gusto hablar contigo, pasa buena noche y que descanses.
—Pero spera no me gustaría perder contacto contigo si kieres te paso mi MSN y me agregas
—Bueno me parece bien solo esperame un segundo lo abro haber si aun me sirve, nunca lo abro
—Jajaja y kon lo vakano que es.
—Soy novato en estas cosas.
—Ahh ya te abrio es k debo irme
—No espérame que me enrredé.
—Bueno pero no te demores tanto que tengo afan
—Ya, me abrió, dame el MSN para agregarte.
—malo_sa@hotmail.com
—Ya te agrego, espera.
—ok
—Ya te agreguè
—Ok entonces hablamos mañana a la misma hora
—Hasta mañana
—Chao t cuidas


—Hola còmo estàs?
—hola. Bn y tu
—Muy bien gracias
—y ke me cuentas?
—Un poco cansado hoy fue un día muy agitado en la oficina
—Mmm tù eres el que trabaja en el mincultura o algo así
—Si, ya te olvidaste de mi?
—No como crees, solo que no recordaba bn en ke trabajabas
—En cambio yo de ti si me acuerdo
—Jajaja eso sta bn
—Y tu que hiciste hoy, como te fue en la universidad?
—Genial como siempre
—Me alegro
—Y tu eres casado, soltero, viudo, separado, con pareja, etc.
—Jajaja, soltero
—Y con kien vivs?
—Vivo solo en mi apartamento
—Ahh que chévere
—Y tù con quien vives?
—Con mis papas y mi hermano
—Cuàntos años tiene tu hermano?
—16 años
—ahh son casi de la misma edad
—aja
—y te llevas bien con el?
—Si claro somos muy unidos y nos llevamos muy bn
—Eso es muy importante en la relación de hermanos
—Si, y tu tienes hermanos?
—Si tengo una hermana menor pero no vive aquí en bogota
—Ummm y en donde vive?
—En Manizales, toda mi familia vive allà
—Ahh osea que tu aki no tienes familia.
—No aquí estoy solo
—Hay pobechitu jeje
—Jaja , uno se acostumbra
—Si claro luego ya encontraras compañía
—Creo que ya la encontré
—Jajaja claro
—oye tu tienes fotos o cam?
—Tengo fotos pero cámara no
—ay que mal
—Pero tu si tienes cámara? Me gustaría verte
—Claro, pero si tu me envías una foto
—Bueno pero después que ahora no las tengo en el computador.
—Ahh bueno cuando tu me envíes 1a foto yo t pongo la cam
—Bueno será esperar
—Jajaja la vd sip
—Bueno niña yo te dejo y hablamos mañana y te muestro la foto
—Okis me parece bn
—Hasta mañana que descanses, te mando un beso
—Bueno que pases bonita noxe bye


—holaaaaaa
—hola preciosa
—como estas
—genial , acabo de ver tu foto
—ah si? Y què tal
—estas muy lindo
—jajaja gracias
—y Será que ahora yo si te puedo ver?
—Si claro esperame 1 segundo
—Ok
—Ya acepta
—Bien ya aceptè
—Ya me vez
—Si, estàs hermosa
—Jeje acias, pero no s para tanto
—Ya toy rojita
—Siempre tuve la sensación de que tù eras hermosa
—ay tan lindo acias
—Quiero verte completa, puedo?
—Umm no s
—Por favor!
—Bueno
—Si que estàs linda
—Ayy me puse rojita ota vez
—Jaja
—me tengo q ir a dormir
—Tan ràpido?
—Sip, ya sabes tengo clase muy temprano
—Si, lo se. Que descanses
—tu tambien bye


—Hola hermosa!
—hola
—Me haces falta
—A mi tbm
—Estos dìas sin chatear contigo, se han hecho eternos
—igual a mi
—Me puedes dar tu celular? Quiero escuchar tu voz
—sip 3004215412
—Ya lo grabè en mi celular
—Ya te llamo
—Si dale


—Aló
—¡Hola!
—¡Que voz tan dulce!
—Gracias.
—La tuya me gusta mucho.
—Tengo muchas ganas de conocerte.
—Yo también.
—Pero, tengo que decirte algo.
—Dime
—No te dije la verdad sobre mi edad.
—Umm
—No tengo 26
—Entonces…
—33
—Para mi la edad no es importante.
—¿En serio?
—Si
—Me alegra que pienses así. Pensé que si te decía la verdad, no volverías a hablar conmigo y menos querrías conocerme.
—Yo te quiero conocer.
—¡Yo me muero de ganas!
—Te quiero
—Yo también
—Tengo que colgar, es tarde, no quiero que mi mamá se despierte.
—Entiendo, mañana te llamo.






Y la seguí llamando y seguimos chateando por varios meses, hasta esa tarde que por fin nos conocimos. Cuando la vi, desde la otra acera, en esa esquina donde acordamos encontrarnos, me sentí ansioso, me acerqué, vi su cabello corto, sus ojos hermosos, su sonrisa nerviosa.
Caminamos un poco, antes de ir a Juan Valdez de la Séptima con 53. Fue inevitable contemplar su trasero firme, sus senos pequeños, un cuerpo que había dejado de ser adolescente poco tiempo atrás.
Llegamos al café, nos sentamos, pedí dos Capuccinos. Yo no dejaba de mirarla y eso la ponía nerviosa, en medio de nuestra conversación le dije que sus ojos eran hermosos, su rostro se ruborizó y aún más cuando le entregué mi regalo: Un libro de Ángela Botero (Esos poemas eran los preferidos de mis amigas en la universidad, pensé que sería el obsequio perfecto).
Hablamos como por dos horas, el tiempo pasó tan rápido. Me dijo que se tenía que ir, su mamá la esperaba temprano, yo no la quería dejar ir, la acompañé a la estación del Transmilenio y nos despedimos con un beso en la mejilla. Yo me fui para mi casa caminando, creo que iba flotando.
Ahora pensaba más en ella, ya no era virtual, era de carne y hueso. Una semana después de nuestro primer encuentro, la invité a almorzar a mi apartamento. Llegó puntual, hablamos un poco, almorzamos y luego nos sentamos en el sofá. Me acerqué, quise besarla y me dijo: “No puedo, tú sabes que tengo novio”. Yo le dije: Él no se va enterar, me acerqué y le besé el cuello, lo sentí tan suave, me invitaba a continuar, mi respiración se agitaba, acaricié sus senos por encima de la blusa, quise besarlos pero me apartó con suavidad.
Me alejé un poco, no quería presionarla, no se trataba sólo de sexo. Me di cuenta que me había enamorado, antes de tocarla, antes de sentir su olor, antes de mirarla a los ojos.
Hablamos de lo que sentíamos, ella me dijo que me quería. Pero estaba enamorada de su novio, no quería hacerle daño a nadie, estaba confundida. Pero yo estaba tan excitado con tenerla tan cerca, la abracé fuerte y ella respondió ese abrazo, metí mis manos por debajo de su blusa que levanté un poco y pude ver su ombligo, el mismo que me enseñaba en la cámara. Se apartó de mi muy rápido y me dijo: “No hagas eso por favor, me voy. La acompañé. En el ascensor volví con ímpetu a la tarea de conseguir un beso, pero nada. Esa noche chateamos.

—Hola!
—hola
—lo k paso hoy no puede pasar otra ves
—yo no t voy a dar un beso ni nada yo t kiero pero no de la manera k tu pretendes
—amo a mi novio lo siento pero es asi
—Perdoname, por ser tan atrevido, no pude contenerme.
—Yo tambièn te quiero.
—lo se
—si kieres seremos amigos
—No puedo ser sòlo tu amigo.
—Es mejor que no nos volvamos a ver, yo no podrìa estar cerca de ti y no intentar tocarte y besarte.
—Entiende entre los 2 no va psar nada yo amo a mi novio
—No repitas eso por favor ¿no te das cuenta que me duele?
—yo no kiero hacerte daño ni k te hagas iluciones
—Lo se, por eso es mejor, no volvernos a ver, ni hablar .Dejemos las cosas asì.
—ok
—No olvides que te quiero mucho.
—lo se yo tmbn
Se desconectó.

Pero esa misma noche me arrepentí, pensar que no volvería a verla, me heló el corazón. Entonces le escribí un correo, que parecía un poema cursi, de esos que uno le escribía a las novias en el colegio. Pasaron unos días y no me respondió, le marcaba al celular y no contestaba. Salí del apartamento, compré un girasol en la calle y unas chocolatinas en Carulla. Quería ir a su casa (¿si supiera dónde vive?), decirle que necesitaba verla siempre, que intentaría ser su amigo. La llamé desde una cabina:

—Aló.
—¡Hola!, ¿cómo estás?
—Estoy ocupada.

—Perdona, necesito hablar contigo, te he llamado muchas veces, te escribí un correo.
—No quiero leerlo.

—¿Puedo ir a tu casa? Dame tu dirección, necesito verte.
—No es buena idea.
—Pero...

—¡No molestes más! —colgó.

Volví a llamarla, pero no contestaba y la llamada se iba a buzón. “¡No molestes más!”. Esas palabras tan frías, fueron como navajas que se clavaron en mi corazón. Busqué un tarro de basura, boté las flores y las chocolatinas. Me sentí como en una sosa película de amor norteamericana.
Me faltaba el aire, mis manos se pusieron frías y quise llorar como un niño. Empecé a caminar muy lento, sentía que todos en la calle me miraban, sabían que me habían roto el corazón. Me detuve en el carrito de dulces. Compré una caja de cigarrillos.
Ya en mi apartamento, fui al balcón, me senté en suelo y encendí uno tras otro los cigarrillos, esos que había dejado años atrás. No pude contener las malditas lágrimas, la cabeza me daba vueltas, estaba descontrolado, vuelto mierda. Me quedé allí no se cuanto tiempo.
Cuando no aguanté más el frío, entré, encendí mi computador y me conecté al messenger y allí estaba ella. Mi corazón se aceleró.


—Me dolieron tus palabras.
—disculpame
—Estoy mal.
—no kiero hablar ahora. —Se desconectó.

Pasó más de una semana, ningún correo suyo en mi buzón, ni mensajes en el messenger o en mi celular. Estaba desesperado. Le volví a escribir otro correo cursi, le hablaba de lo triste que eran mis días sin saber nada de ella, le pedía perdón por lo que había pasado en mi apartamento, le rogaba que no me borrara de sus contactos, de su vida. Pero ella no me respondía.
Todos los días abría mi correo, me encontraba con esas cadenas que tanto detestaba, los mensajes obscenos de mis amigos que me aburrían. Los Funwall, Top Friends, Hug Me, las invitaciones a los grupos más absurdos: Amo a Uribe, Odio a Uribe, Todos Odiamos a Jota Mario, al Padre Chucho, a Laura Acuña, No Más RCN, No Más FARC y demás estupideces de Facebook. Pero nada de ella.
Cuando me llamaban al celular, deseaba que fuera ella, su voz, su risa, se había olvidado de mí. Me envió a la papelera, como se hace con esos correos que no te interesan.
Yo buscaba la manera de sacármela de la cabeza, me iba a tomar con mis amigos, esa costumbre estúpida de pensar que el licor te hace olvidar. Al día siguiente, la extrañaba más. Quince largos días sin verla, sin escucharla, sin saber nada de ella. Me sentía tan vacío y solo. Quería odiarla con la misma intensidad que la amaba, aunque me costaba aceptarlo, estaba enamorado, por primera vez.
Una noche, como todas me senté a mirar mi correo, esperando encontrar algún mensaje suyo y por fin, un correo de ella:

Se ke ya es tarde para pedirte disculpas, aunque no lo creas, ami tambien me duele todo esto, aveces dices cosas ke no sientes. Soy una boba, te kiero mucho, pero tengo miedo de todo, tu eres muy grande y yo soy muy pekeña. Cuando t dije que amaba a mi novio, fue una excusa, yo termine con el, pero aun asi sigo teniendo miedo de todo. tu eres una persona muy especial y te mereces alguien mejor que yo. Tengo que confesart que he derramado algunas lagrimas y k t extraño resto. T kiero mucho.

Le contesté inmediatamente. Utilicé la mejor retórica, esa que tanto le gustaba a ella. Simplemente mis sentimientos se convertían en palabras dulces, sin reproches.
Volvimos a hablar, de nuevo su voz, su risa de niña traviesa, de nuevo la alegría en mi vida.
Salimos algunas veces, fuimos al cine, a un par de bares, tomamos cerveza, hablamos, nos reíamos. La tomaba de la mano, la miraba a los ojos, ella se ponía nerviosa. Nos despedíamos con un beso en la mejilla. Yo no quería presionarla, no quería perderla. Me sometía a sus reglas, hacía un esfuerzo enorme para controlar mis impulsos. Soñaba con besarla, hacerle el amor.
Sentía celos de los amigos que la llamaban, de los que chateaban con ella. Le hacía reclamos. Cuando me conectaba al MSN, deseaba que siempre estuviera allí. Sólo quería chatear con ella, los demás contactos no me importaban.
En una de nuestras conversaciones le pregunté si alguna vez podría besarla, me dijo que no insistiera con eso.

—Es la edad —le dije—.
—Sí, es eso —contestó—.
—Tú ya has vivido, ya tienes experiencia
—Si tenemos algo, talvez tenga que cohibirme y yo quiero vivir muchas cosas.
—Yo nunca te cohibiría de nada. No te voy a quitar tu libertad.
—Mira, a mi me gusta salir todos los jueves, viernes y sábados. Me gusta tomar, fumar, la rumba electrónica, muchas veces tú estarías cansado por el trabajo. ¿Aguantarías que me fuera con mis amigos?
—No sé.
—¿Si ves?, es complicado.
—Sí, pero yo te quiero, dame una oportunidad.
—No estoy preparada para eso, ¡entiende!
—Yo te quiero y me gustas mucho, pero no puedo, son muchas cosas, mi mamá, la edad. La vida es injusta
—Sí, es injusta.
—Perdóname, no quiero lastimarte.
—Lo sé.
—Tengo que colgar, ya es tarde me voy a dormir.
—Bueno, que descanses, hermosa, que sueñes con los angelitos
—Mi angelito eres tú, gracias por ser tan lindo conmigo.
—Hasta mañana.
—Hasta mañana.

Todo se volvió tan intenso para mí, tan real. Para ella, no sé. Era una niña, con las mismas ideas de los jóvenes de esta generación. Saturados con un mundo de consumo, de rumba electrónica, de Internet, del celular, del mp3, del cigarrillo y la cerveza.
Yo involucré mis sentimientos. Ella, no sé. Es complicado entenderla, pero debo hacerlo, yo no cuadro en su mundo. Me he resistido a aceptarlo, he querido refugiarme en mi tonta idea de que el amor no tiene edad, que para el amor nada es imposible.
Que romántico me he vuelto, no mejor un completo idiota. Por eso hoy la llamé y le dije que nos viéramos en el parque El Virrey. Llegó puntual como siempre.

—Hola —me sonrió—. De inmediato me plantó un beso en la mejilla.
—Hola —le respondí—. No pude disimular mi tristeza.
—¿Qué te pasa?
—Lo de siempre, hermosa.

—Que estoy enamorado de ti, eso ya lo sabes.
—Ya lo acepté. Lo de nosotros no pasará de ser algo virtual
—No digas eso.
—Es la verdad.
—Verte me hace daño, siempre me matas la ilusión.
—Yo nunca he querido lastimarte.
—Lo sé, no es culpa de nadie.
—Quiero que vivas todas esas cosas que aún te hacen falta.

—Te libero de mí. De mis celos, de mis reclamos, de mi amor.
—Aunque no lo creas, yo también te quiero.

—Adiós, hermosa.

Nos dimos un abrazo, cuando nos separamos, vi que algunas lágrimas bajaban por sus mejillas, quise abrazarla de nuevo y nunca soltarla. Quise besarla, pero ella no lo hubiera permitido. Me alejé muy despacio, quería devolverme. Unos metros más adelante me detuve, miré hacia atrás y ella ya no estaba.















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